El recuerdo vivo de la tradición musical

En la pluma de Jessica Gotffried, Licenciada en Etnología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y es Maestra en Ciencias Musicales en el área de Etnomusicología por la Universidad de Guadalajara.

Photo by Tom Swinnen on Pexels.com

Comencé a conocer las tradiciones musicales y de baile del México profundo en tierras rarámuri o tarahumaras escuchando un violinero en una fiesta de tesgüino. Más adelante en la Sierra de Jalisco danzamos frente a un altar huichol o wirárika al son del raweri y el kanari, dábamos minúsculos saltos con los brazos a los lados, marcando los acentos con los pies. Muchas de las que danzábamos éramos mujeres, eso tuvimos en común.

En otro momento de la fiesta hubo baile, algunos bailaban en pareja, otros sueltos, en esa ocasión era música ranchera, algo parecido a lo que toca el Venado Azul. Las Pachitas en Nayarit es una fiesta cora en la que se danza hermosamente alrededor de unas banderas. Los cantos duran tres semanas sin cesar, o quizás duraban. Las tradiciones mexicanas son hermosas. Hay mucho que aprender de ellas. Estudiar y reflexionar sobre lo que suena en nuestro entorno nos permite abrir los oídos y estar consciente del lugar en el que nos encontramos. Complementado con el trabajo de archivo, de la memoria de la construcción de la música mexicana.

Entre los archivos aprendí de Gerónimo Baqueiro Foster y sus aportes a la música mexicana (es bien conocido el método de solfeo que lleva su nombre). Baqueiro tuvo un estudiante del Conservatorio de Música que fue un talentoso pianista llamado Roberto Téllez Girón, que transcribió sones jarochos de las arpas y requintos de músicos de Alvarado, Veracruz.
Las transcripciones fueron la base de una Suite de cuatro sones jarochos orquestados por Gerónimo Baqueiro Foster, después él mismo hizo una reducción a piano que llegaron hasta Estados Unidos.

La Orquesta Sinfónica de Xalapa montó los sones y en la correspondencia de Gerónimo Baqueiro Foster él explica que los ritmos mexicanos son muy difíciles de tocar y que solo podría hacerlo la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Sin embargo, La Bamba de Baqueiro Foster fue grabada en Nueva York. Este es el origen del Huapango de Moncayo.

En Nueva York Carlos Chávez dirige la orquesta y un tiempo después uno de sus predilectos
alumnos José Pablo Moncayo hizo otra versión de la orquestación de Baqueiro. Mucho de lo que él y otros han investigado espera ser más y mejor conocido, en aras de la conciencia de nuestra propia cultura y la diversidad de sentidos que tiene la música: un concierto, una fiesta, un ritual, una procesión, música en movimiento, tristeza fúnebre. Yo les compartiré mis andanzas y pesquisas, integrando reflexiones desde la etnomusicología.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .