Escuchar música sin estar en un mismo sitio

En la pluma de Tenoch Ramos.

A finales de los años 60s, yo tenía 6 años, la música podía ser escuchada por la radio, con los discos long play o en vivo, el formato en casette vendría después, poner un L.P. era toda una ceremonia, un rito, había que hacerlo con mucho cuidado y sobre una mesa que no tuviera movimiento, si es que estábamos bailando por ahí. El radio sin duda era la línea directa para escuchar la mayor cantidad de música posible, aunque las estaciones en su
mayoría eran y son comerciales.

En nuestro país siempre había una o dos opciones para escuchar música clásica, jazz, rock etc. Si te gustaba un género en especial, en la compra de un L.P. de ese género, podrías disfrutar de 10 piezas con duración de 3 minutos 33 segundos en promedio y aproximadamente, así mismo tu artista favorito. Un L.P. de Joan Manuel Serrat -por decir un ejemplo-, traía 25 o 30 minutos de un lado y 30 minutos del otro lado, con un máximo de 60 minutos de música, en los primeros 30 minutos tenías que pararte y voltear el disco para seguir escuchándolo, éste provocaba de alguna manera que las grabaciones a partir de esa medida tenían que llenar algunas características especiales. La cantidad de música o de composiciones estaban en función de la cabida del Long Play, -en otro artículo explicaré la complicada y excéntrica
forma que era fabricar los L.P-

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Básicamente para escuchar tu música favorita en el momento que tu quisieras, tenía que ser en un lugar fijo y en el cuál tendrías que estar atento para cambiar el lado del disco o saltar las piezas con tu mano y colocar en el lugar adecuado la aguja, la calidad del sonido era profundamente variable en el sentido del precio de tu reproductor, había unos que eran hasta portátiles que solo tocaban el formato sencillo de tu artista
favorito, o sea, una sola canción y su medida era de 12 pulgadas de diámetro, así mismo había unos reproductores de alta definición, letalmente caros, con características exquisitas desde los bulbos del amplificador, la aleación de los cables, la calidad del cartón de las bocinas, el mueble de madera donde estaban montados, hasta la sofisticada aguja que se presumía era diamante puro, al final el escucha básicamente tenía que llevar un procedimiento para tener como resultado escuchar la música de su preferencia, todo esto limitado a los temas que haya adquirido, por decir algo, si tu preferencia eran los clásicos, tendrías que haber comprado tal o cual L.P. para escucharlo cuantas veces quisieras, si tu preferido era Beethoven y sus nueve sinfonías, eran al menos 9 L.P.s -si no es que más, había álbumes dobles-, y así sucesivamente, de esa forma si tú alcanzabas a denominarte como melómano podía ser posible que tuvieses 3 mil discos, estos a razón de $100.00 pesos pensando barato, estábamos hablando de $300.000 pesos para obtener una discográfica regular de tu gusto y complacencia, así que para disfrutar de una cultura musical razonable necesitabas tiempo, dinero y mucho esfuerzo para ir formando tu fonoteca personal, sea como sea y por más que gozaras de un buen poder adquisitivo, esta fonoteca estaba limitada.

Básicamente para escuchar tu música favorita en el momento que tu quisieras, tenía que ser en un lugar fijo y en el cuál tendrías que estar atento para cambiar el lado del disco o saltar las piezas con tu mano y colocar en el lugar adecuado la aguja, la calidad del sonido era profundamente variable en el sentido del precio de tu reproductor, había unos que eran hasta portátiles que solo tocaban el formato sencillo de tu artista favorito, o sea, una sola canción y su medida era de 12 pulgadas de diámetro, así mismo había unos reproductores de alta definición, letalmente caros, con características exquisitas desde los bulbos del amplificador, la aleación de los cables, la calidad del cartón de las bocinas, el mueble de madera donde estaban montados, hasta la sofisticada aguja que se presumía era diamante puro, al final el escucha básicamente tenía que llevar un procedimiento para tener como resultado escuchar la música de su preferencia, todo esto limitado a los temas que haya adquirido, por decir algo, si tu preferencia eran los clásicos, tendrías que haber comprado tal o cual L.P. para escucharlo cuantas veces quisieras, si tu preferido era Beethoven y sus nueve sinfonías, eran al menos 9 L.P.s -si no es que más, había álbumes dobles-, y así sucesivamente, de esa forma si tú alcanzabas a denominarte como melómano podía ser posible que tuvieses 3 mil discos, estos a razón de $100.00 pesos pensando barato, estábamos hablando de $300.000 pesos para obtener una discográfica regular de tu gusto y complacencia, así que para disfrutar de una cultura musical razonable necesitabas tiempo, dinero y mucho esfuerzo para ir formando tu fonoteca personal, sea como sea y por más que gozaras de un buen poder adquisitivo, esta fonoteca estaba limitada.

Al paso del tiempo los formatos para escuchar música fueron transformándose para facilitar y agilizar el proceso, de que la música llegara de manera mas inmediata y simple a los oídos de las personas, vino el formato del casete, que por muchos años estuvo en el dominio total para que millones de personas pudiésemos tener acceso a mucha mas música, por que además de venir las grabaciones originales directas de las grandes compañías disqueras, podías grabar en tus casetes propios la música que tu desearas, en el orden que tu quisieras, sin embargo y a pesar de este principio de democratización musical, conforme se abría el matiz del escucha al tener mas acceso a mayor cantidad de grabaciones.

Después vino el formato del disco compacto, un formato que nos trae por primera vez, la
música digitalizada, y aunque comienza su historia al principio de los 80, su dominio total
fue hasta la década de los 90, entre tantas cosas tenia infinidad de ventajas con respecto
a su antecesor el L.P., el tamaño, la longevidad, el cuidado que no tenia que ser tan mesurado,
y la calidad del sonido, que en este último tema hay muchos retractores, ahora bien, sin duda la
tecnología seguía avanzando, pero al final y al tema que trato de explicar desde el principio
de este artículo, es el hecho de poder desplazarse de un lugar a otro escuchando música y esto lo resolvió un aparato que sacó la marca Sony al mercado allá al final de la década de los 80 llamado Walkman, pareciera una simpleza, ahora se ve como simpleza, pero del inicio de la música grabada y el registro del sonido a finales del siglo XIX hasta el día de la aparición del Walkman, fue lo que revolucionó la Cultura de la Humanidad a nivel musical.

Proporcionalmente se daba cuenta de la cantidad infinita de obras a la cuales no tenía
acceso, era una gran paradoja interminable, y así mismo las compañías disqueras para saciar
su crecimiento, creaban mas artistas por una parte, abrían las puertas a otros que no eran
tan artistas, y a los verdaderos artistas les exigían producir a un tiempo determinado mas
obras para el consumo insaciable de la gente, lo que de alguna manera afectaba la calidad
creativa de los compositores, -este tema con gusto le daremos profundidad en otro artículo-.

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